Ella tomo el llamador de ángeles, dulcemente se lo coloco en su cuello. Con el primer paso, comenzó a tintinear, y al traspasar la puerta de entrada, algo cambio...Camino por las calles azules, de su cuento dormido. A los árboles blancos, le obsequio una semilla fluorescente...la luna, fiel compañera, la guio mientras cantaba baladas de amor, bailo alegremente para los corazones, lloro todas las lágrimas de sueños imposibles. Un nuevo aroma a lluvia de la noche, la cubrió cual manto azul y en ese instante comprendió, que había llegado al otro lado del paisaje...Se despidió sin mirar atrás... cada tanto... mágicamente cuando sale el sol, se escucha a lo lejos el tintinear de su sonrisa...
domingo, 20 de noviembre de 2011
había una vez...
Simona, la luna y
dibujos y palabras,
prosa-taciturna
sábado, 19 de noviembre de 2011
retozón
Cuando escucho las teclas del piano
siento arracimarse los sentimientos
enmarcado en el recuerdo
en la fotografía sepia donde veo a mamá.
Y en las noche huérfanas de estrellas
quiero dejar intacto el pasado.
Sin juzgarlo, sin desconfiarlo.
Es un libro abierto de aprendizajes.
Agradezco el agridulce momento
que se ha detenido un instante.
El sueño retorna cuento
se pasea por los recovecos, así
todo lo puedo oler.
Y en un chasquido de dedos
el río me vuelve a besar los pies
por donde navegan vocablos despiertos.
Dejare intacto el recuerdo
sabiendo que no fue en vano
en este presente sagaz
esperarte cada vez…
sábado, 12 de noviembre de 2011
y te pienso...
Escribo…escribo…tomo agua, miro por la ventana, se hace de noche, vuelvo a mirar…me detengo en la luna, te pienso…busco alguna fruta en la heladera, vuelvo a mirar por la ventana…la luna sigue allí…respiro, la miro, acaricio a Zimba y te pienso. Salgo a caminar, a veces sola, a veces con mi amigo del alma, que me escucha…y yo le hablo, y le hablo, y el me mira, me escucha, me escucha. Me acompañan mis personajes y te pienso… ¿Y porque te pienso?... Paro en la vidrieras, miro carteras y zapatos, a mi amigo le parecen ridículos los de color naranja, yo le digo que me encantan. Me detiene el cielo rasó de algún edificio, y miro su arquitectura, me gusta, y mi amigo mira, y conversamos, caminamos, el me cuida, me comprende y sino, lo intenta o porque me quiere, asiente... Me da su punto de vista y a veces me enoja, pero es mi amigo, y acepto, lo escucho para entender, y me pregunto porque no me enamore de el, y encuentro la respuesta enseguida…es mi amigo tan simple como eso, y hace quince años que somos amigos… y volvemos al punto de siempre, del arte, el es músico, yo lo adoro…el me enseña de Jazz, y me habla de tantos artistas, que yo solo voy reteniendo algunos nombres, pero me deleita escucharlo…y le hablo de mis personajes…y…te pienso…y le cuento que te pienso, y le pregunto si estoy loca, el se ríe, me hace un chiste…y me dice que todos tenemos un poco de loco, el de músico y yo de poeta…y me río, a carcajadas, y le digo que me quiere, eso…y el me mira y me dice, además… y caminamos, y miramos libros por la calle corriente, perdemos horas ahí, cada cual en una punta…y me pierdo en mis pensamientos, y miro todos los libros que me quiero comprar, y mis personajes, y me río…y te pienso. Nos tomamos un café en algún bar…y me acompaña hasta la puerta de casa… Y así otros días, miro por la ventana…Salgo a caminar, me meto en un cine, y escribo, escribo…y te pienso…y me sorprende una lluvia de primavera en medio de la calle y…y te pienso… ¿de que sabor serán tus besos?
Simona, la luna y
Cecy,
prosa-taciturna
miércoles, 9 de noviembre de 2011
inicio
Inició este viaje
¡Aprópiate!
de mi voluntad
¡Muéstrame!
cada noche una estrella distinta
¡Suéltate!
No quiero preámbulos
Solo el más excitado espacio
entre tu mirada y la mía
¡Calla!
mi voz con tus besos
Que me posea tu lado presente
(todo)
todo se sostiene
en ese punto del día
mientras una brisa
domingo, 6 de noviembre de 2011
un nuevo desayuno
Los que conocen a Simona, saben, que le gusta desayunar al menos dos días en la semana, fuera de su casa. Cuanto más desconocido y olvidado el bar, mejor. El ideal es: aquel lugar solitario, tranquilo, y que posee esa intimidad que a ella tanto le gusta. Se mudo, y el nuevo bar da la sensación cuando se ingresa, que esta detenido en el tiempo. Habitan muchos recuerdos en el, uno muy distinto del otro. Los ladrillos de la pared están a la vista prolijamente desalineados, colgados hay unos discos de pasta, cuadros de artistas de cine, y la barra es un mueble de comedor antiguo, en el medio del salón la Rockola. Mezcla rara, pero acogedora. Se sentó frente a la maquina expendedora de música, soltó una moneda y empezó a cantar Rupert Holmes, vaya a saber porque eligió esa música que además escucha poco, todo da lo mismo en días con sabor a nada. Lo adopto desde hace unos meses con la misma rutina, pedir el desayuno, soltar una moneda en la maquina expendedora, que varía según el animo. Una de esas mañanas se dio cuenta, que en la mesa frente a ella, un hombre la mira disimuladamente tras su libro...presto atención...y si, eso ocurría cada vez, sin saber, si es desde su primera vez. ¡Que importa! pensó. A Simona le intriga porque la mira, sin decir nada... Una mañana, ella, lo sorprendió, fue a su mesa y lo invito a compartir el desayuno. El accedió con mucho gusto. Desde ese momento se los ve hablando muy animadamente. Me contó Laura, la moza del bar, que lo curioso es escucharlos hablar, hablan en prosa. Y que el, al despedirse, le regala hermosos besos poéticos, y ella una rebosante sonrisa. "Le llaman el bar de las causas perdidas".
Felizmente agradecida a Beatriz Salas y Ruth, que le han dado a Simona, color y alergia.
:)
jueves, 3 de noviembre de 2011
quebranto
¡Ay quebranto!
Mio…
Despojado de ropas
Ajado de palabras
¡interpreta!
La callada melancolía
que atraviesa el crepúsculo.
¡grita!
sacude…
Se rompe en mil pedazos
y cae cual cristales
en formas de gotas.
Se diseminan hasta…
¡morir!
Mio…
Despojado de ropas
Ajado de palabras
¡interpreta!
La callada melancolía
que atraviesa el crepúsculo.
¡grita!
sacude…
Se rompe en mil pedazos
y cae cual cristales
en formas de gotas.
Se diseminan hasta…
¡morir!
sábado, 29 de octubre de 2011
el mar
Amo el mar. Su inmensidad. Me gusta detenidamente observarlo, escuchar su música sonora inconfundible. Susurro suave y profundo en mis oídos que va penetrando por cada poro de mi piel, hasta lograr estremecerme. Me sacude de tal manera, que mis ojos se humedecen. Se humedecen hasta la angustia de saberlo tan único, majestuoso e inabarcable. Te va hipnotizando. Cuando penetras en el, sin darte cuenta te envuelve en un manto de caricias, perteneciente a su encanto natural. Al voltear a ver, ya te atrapo, ya le perteneces. Puede hacer contigo lo que le plazca, acariciarte, amarte o sacarte la vida. Y si quiere, con sutil delicadeza, te regala una bella ola que te devuelve a la orilla. Pero una vez que lo evidencias, ya nunca lo puedes olvidar.
Se le parece tanto al amor...
(2009)
Simona, la luna y
prosa-taciturna
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