Amanda decidió tomar unos días de descanso en la casa del lago, herencia
de la tía Carlota, hermana de su madre y madrina. Ella los había dejado el año
anterior sin ninguna razón de enfermedad aparente, y era de esperarse, siempre
tuvo una vida de muchos cuidados con su salud.
A penas llegar, abrió ventanas para que entrara ese aire fresco con el aroma
especial que llegaba de la arboleda que rodeaba la casa. Miro sus cuadros,
fotografías, y en todas se veía hermosamente feliz. Ya caía la tarde y decidió
cenar algo liviano.
Mientras buscaba algo que leer en la biblioteca, un libro se resbalo
cayendo en sus manos. Su portada decía: “el Pueblo de los Plop”, el libro era
una reliquia de colección, y le llamo la atención nunca haber escuchado de él,
busco al autor sin hallarlo, ni siquiera una sinopsis del mismo.
Se entró en la lectura sin pensarlo, el pueblo de los Plop eran seres
que nacían con la lluvia de otoño formándose con las gotas que caían en el
lago, y esperaban las lluvias de primavera para salir a superficie e
interactuar solo con seres humanos que tenían la sensibilidad de comprender que
ellos eran diferentes, así se nutrían de las experiencias humanas para no
cometer los mismos errores en su pueblo, y como regalo al final de su vida, su
alma se iba con ellos. De otra manera eran hostiles, y les encantaba hacer
jugarretas con aquellos que se las merecían. Manchar sus ropas, inundar su
comida, meterse en los lentes para que viesen borroso, en los oídos creando sordera,
y en sus bocas dando mal olor, y sobre todo los más sucios de los Plop, se
encargaba especialmente de marcar su frente con una “P”, aquellos que eran
despreciables para que se distingan de los demás, como la famosa letra
escarlata.
Con el amanecer despertó con ánimos de ir al lago a desayunar, sonriendo
por la historia mágica que había leído la noche anterior, armo su canasta y
partió. El día estaba hermoso, se recostó satisfecha en la manta y durmió una
pequeña siesta al calorcito del sol. Al despertar tuvo la sensación que alguien
le había acariciado su cabeza y dejado un beso en su frente.
Al volver, tomo el camino más largo, pasando por el pueblo. Sintió una
felicidad especial, sobre todo al ver que: el Cura, el Juez, el Gobernante y abusadores,
a diferencia de otras gentes, iban con su frente en alto, llevaban un sello de
agua sucia con la letra “P”, invisible solamente para los portadores. Se echó a
reír y en ese momento comprendió lo feliz de su madrina Carlota, y se prometió
volver cuando florece la vida.
mas Plop en casa de Dorotea












