domingo, 28 de marzo de 2010

recuerdo

Desde el comedor de la vieja casa que me vio nacer, sentada en la silla mecedora de mi abuela, pude observar: el gran ventanal por el cual entraba una luz de siesta, espesa tras las cortinas con decorados a crochet. La mesa larga de madera con sus patas anchas, bien lustradas, en el medio del salón, acompañada por seis sillas altas del mismo estilo, en el centro un juego para tomar el té, en plata. El lindo reloj, colgado en la pared, anunciando las horas con sus largas campanadas, su eco se extendía a toda la casa, tan particular su sonido, como las teclas del piano en alto Italiano, que mi madre los domingos acariciaba con sus manos. La vitrina, guardaba la vasija para ocasiones especiales, en porcelana con ribetes en oro, al cual nunca se le veía ningún resabio de polvo. Delicadamente una vez a la semana, se atendía la limpieza general, costumbres de aquel entonces, cuando era una niña. Todos los sábados como juego se realizaba y cantábamos. Esto no es un sueño, es el recuerdo en esta tarde de domingo, mientras se siente el olorcito a las tostadas y el café con leche…

Afuera cae, una linda llovizna.


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