Baila tu sombra
clandestina en-sueño
somos etéreos.
A la hora de la siesta, la casa se iluminaba de un silencio angelical, solo se escuchaba a lo lejos algún sonido de la calle que llamaba mi atención, siempre creí, que cuando mis padres decidían que era la hora de dormir, el mundo entero lo hacia y así, en las noches. Yo, esperaba ansiosa mirando el vestido de moño colgado en la silla de mi habitación, junto a los zapatitos bien lustrados, el pañuelo y la cartera haciendo juego. Cuando el reloj marcaba las cuatro campanadas, mi corazón comenzaba a palpitar, se acercaba el ritual del sábado. El baño, vestirme de fiesta y encontrarnos en la galería, un largo patio que recorría las habitaciones de la casa. El peinaba mi largo cabello y cuando las campanadas cantaban cinco veces, me tomaba de la mano y salíamos camino al cine. Compraba las entradas, un chocolate que era mas grande que mi estatura y allí, a la sala. Mis ojos se ponían grandes de admiración cuando se posaban en esa enorme pantalla. De la mano de mi padre, mi primer amor, y la película en la cual los dos éramos los protagonistas, nació mi amor por el cine.