imagen tomada de la web
Como dice Serrat en la canción: “y no se me ocurre nada” ... Mientras la
voy tarareando, pongo el agua a calentar, tomo mi objeto inanimado, lo lleno
con yerba y espero que el agua esté a punto, que no entre en hervor. Y me pierdo
por la ventana de los recuerdos de este objeto que aparece en casi todos ellos.
Y se presentan esas imágenes: los primeros mates que solo miraba, la abuela
Pierina se lo pasaba a mi madre, y vaya a saber que hablaban, pero seguramente
así abre probado el primero, de todos los que vinieron después.
Esa costumbre tan nuestra que se hereda sin permiso de padres a hijos.
Somos tan curiosos que de pequeños queremos probar eso que los grandes
comparten como un juego, ese pase de mano en mano que extiende las miradas y
afina los oídos. Tiene un don amistoso, porque al llegar a donde sea, siempre
después de saludar, es lo primero que se pregunta: ¿tomamos unos mates? Y es el
lazo de conversaciones, cualquiera que se presente, a veces con risas, llanto,
alegrías, experiencias, historias, o simplemente ese gesto que se necesita para
sentirse en compañía.
O como hoy, que, en esta soledad pandémica, mientras termino de
prepararlo, enciendo el pc, y me acompañara todo el rato en que trabajo, leo,
escribo, o simplemente: es que no hago otra cosa que pensar en ti, y no se me
ocurre nada….
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