Eso ya no le importaba, solo quería sentir
en su piel la tranquilidad de los vientos nuevos de libertad.
Busco incansablemente un lugar donde hacerlo su hogar y poder realizar
su sueño de artista plástico, solo quería jugar con sus pinceles y esa paleta
de colores que se le regalaban como un arco iris.
Llegó a un pueblo de
pocos habitantes. Se instaló en una casa que, si bien estaba deshabitada desde
mucho tiempo, y a pesar de las advertencias de los pocos pobladores, él la
quiso desde el hechizo que sintió al verla.
La sala donde decidió poner su estudio, tenía una gran biblioteca, un sofá
cama amplio, una chimenea a leñas, lugar ideal para sus creaciones. Cada noche saboreando su coñac, se instalaba a pintar hasta que el primero rayo de sol lo
despertaba.
Algo estaba ocurriendo, en principio no supo, más de lo que su
pintura le mostraba: la sala, la chimenea, la biblioteca, y una hermosa
escalera que se perdía al cielo, así sucesivamente cada día, al despertar ella
estaba ahí, esa escalera que lo hipnotizaba, por su brillo, sus escalones
perfectamente diseñados, las barandas firmes y esa sensación que muy dentro lo
insinuaban, así pasaron los años.
Nadie en el pueblo volvió a saber del artista plástico.
Cuenta la
historia, que una dama misteriosa que habita en la casa, cada noche bajaba por las
escaleras de su cuadro, que ambos bailaban con la música de las leñas quemándose
suavemente y antes que cayera el día, ella las subía mientras él, quedaba inmerso
en un sueño profundo.
Solo como muestra de esta
leyenda, ha quedado en la casa los infinitos cuadros de la misma escalera, en
sus distintos ángulos y los pasos que suben y bajan en ella.
mas escaleras en casa de María José-Lugar de Encuentro









