Busco en mis recuerdos imágenes de tiempos escolares, encuentro una
variedad de fotografías que viven tenidas de diversas sensaciones. No he sido
una alumna fácil, ni dócil, más bien me compadezco de todos aquellos Maestros y
Profesores que han tenido que aguantar mi carácter desafiante. He querido a
muchos como también he detestado a otros tantos. Lo cierto que no me gustaba ir
al colegio, me aburría bastante, era de esas niñas que vivía en su propio mundo
de juegos, historias fantásticas y era la guerrera de mis propios cuentos.
Mi humilde homenaje no es para ellos, aunque hubo muchos que se lo
merecen. Quiero agradecer a una Maestra que, sin serlo, me dejo una marca
profunda en mi corazón. No se bien el parentesco había con nuestra familia. La
llamaba tía, la recuerdo con su pelo blanco, de estructura pequeña y la voz más
dulce y exclamativa que jamás volví a escuchar. Ella, venía a cuidarme por las
tardes, más, yo le pedía a mi madre que por favor la buscara. Pasaba horas
sentada junto a mi contándome cuentos, y entre ellos nunca hubo ni Caperucitas,
Blanca Nieves ni Princesas. Todas sus heroínas eran mujeres que tenían un gran
sentido de la solidaridad y lucha por un mundo más justo. Eran guerreras con un
gran sentido social. Tampoco traía libros de cuentos, los inventaba en el
momento. Su presencia en mi vida a marcado un camino, y gracias a ese camino encontré
mi profesión que tanto amo, la vocación social, fue la puerta que me abrió y
estoy infinitamente agradecida a esta Maestra de la vida.
otros queridos Profes encontraras en casa de Dorotea












