Al llegar, deje la botella vacía a un costado, la hoja en blanco debajo para que el soplo del viento no la arrastrara con el. Intentaba pensar que escribiría, cuando vi que alguien se acercaba con un caminar un tanto peculiar, y por supuesto que mi asombro se precipito al intuir que se la distinguiría en cualquier lugar o situación, aunque se vista de seda.
- ¿Puedo tomar asiento a tu lado? pregunto, la muy presumida.
Mire a mi alrededor, no había nadie, la playa era un desierto ¿justo aquí? ¡habiendo tanto lugar! pensé. La mire, levante mis hombros tan rápido como los baje en señal de que no me importaba.
¡Nos miramos fijo! sabiendo las dos que ese gesto era totalmente mentiroso.
Ninguna pronuncio palabra alguna.
Seguí mirando el hipnótico amanecer cuando me atrapo una retrospectiva que me hizo sentir intensamente feliz, por la paz que me trasmitieron la cantidad de sonrisas que recordé de todos aquellos que han compartido gran parte de mis días.
Cielo azul intenso, nubes juguetonas, aves cosquillando escondidas, sol que entibia fríos y colma en caricias.
- ¿Vamos? le dije.
- ¡No! respondió imperativamente- soy yo quien se va, tu escribe el mensaje.
otros mensajes se pueden encontrar a orillas de la playa de
Encarni