¡Penas,
penas y penas!! Así da comienzo el estribillo de la canción del Rey de américa.
Y aunque el canta al desamor de una mujer que daría todo porque regresara. Esta
pena que hablo no está muy alejada del sentimiento que muchos tenemos por
nuestra querida patria, la “argentina”, hermosa, que todos juramos defender a
morir.
Mucho
antes de la “pena”, estuvo muy presente el enojo, y también el enojo colectivo.
Un enojo que ya se ha manifestado en otras oportunidades de diversas maneras y
con el voto más aún.
¿Y
nadie lo ve? Si! Claro que lo ven.
¡No
les importa! ¡Un carajo les importa! Acá esta la razón de todos los males que
llora la argentina. Los ladrones en el poder, los enfermos de poder. Y se
reciclan estos hijos de la mierda, son como las cucarachas que sobreviven a la
bomba atómica.
Somos
muchos más las buenas personas, somos muchos más los solidarios, somos mucho
más los trabajadores. Somos muchos a los que nos vienen engañando con un mejor
futuro, desde el año 1983 (cumpliendo 40 años de democracia), y siempre
elegimos poner el voto de confianza.
Y
siempre nos dejan a los mismos con las promesas incumplidas.
Somos
tan buenos, que no dejamos de ser solidario con el que tenemos enfrente, somos
tan buenos, que cada día nos levantamos y volvemos a empezar, somos tan buenos
que volvemos a confiar una y mil veces, a sabiendas que nos volverán a dejar en
pampa y la vía como dice el tango.
Porque
somos un tango, lo tenemos todo, pero lo disfrutan muy pocos.
Solo
espero que Dios nos ayude y por favor que no nos desampare. Y se pueda
conservar lo único que nos da dignidad: “el trabajo”. Y que de verdad se haga
justicia una buena vez, eso es lo que nos merecemos la gente “de trabajo y
honrada”. Un futuro donde nos dejen de engañar y poder tener un poco de paz,
haciendo lo que sabemos hacer, porque no hacemos las cosas mal. No se abusen, porque
somos buenos y elegimos siempre volver a creer.







